Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano por Charles River Editors

Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano por Charles River Editors

Titulo del libro : Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano
Fecha de lanzamiento : April 12, 2018
Autor : Charles River Editors
Número de páginas : 52
Editor : Charles River Editors

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Charles River Editors con Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano

En el siglo I de nuestra era vivió un hombre llamado Jesús en Judea, en ese tiempo una provincia de Roma. El hombre de origen rural era considerado por unos como un profeta, por otros como un loco y por otros más como un peligro para la seguridad de Israel. En sus últimos días predicó en Jerusalén sobre la inminente destrucción de la ciudad santa y de su templo. Su profecía incluía lenguaje parabólico. Jesús hablaba, según las fuentes que nos han llegado, sobre el viento que traía señales, posiblemente haciendo un eco a las palabras del profeta Isaías, y enigmáticas parábolas sobre el novio de bodas y la novia. Algunas personas hallaron ofensivas sus palabras, lo hicieron arrestar y azotar. Sin estar seguros de qué hacer con él, las autoridades del templo lo entregaron al procurador romano. Cuando Jesús estuvo frente a él, el gobernador de Roma lo interrogó y le preguntó qué era todo aquello que estaba profetizando, pero el prisionero no dijo una sola palabra; permaneció en silencio. El procurador lo hizo azotar de nuevo, sin que el hombre se lamentara ni mostrara una lágrima. Tampoco maldijo a quienes se burlaban de él y lo golpeaban. Jesús se lamentó una vez más por el destino de los habitantes de Jerusalén y finalmente ahí, no lejos del templo, encontró la muerte… aplastado por la piedra de una catapulta.

No hay muchos detalles más sobre la vida de Jesús hijo de Ananías, o Jesús ben Ananías, excepto que pereció cerca del templo en el año 70 DC cuando un proyectil de una catapulta romana lo golpeó en la cabeza durante el sitio a la ciudad. Este desafortunado profeta estuvo activo cuatro décadas después de su mucho más célebre antecesor, Jesús de Nazaret, que murió no alcanzado por un proyectil en el templo, sino crucificado afuera de la ciudad alrededor del año 30 DC. Es posible que ambos personajes alguna vez se hayan cruzado, cuando el hijo de Ananías era un muchacho y el nazareno ya un profeta influyente. Quizá el segundo inspiró al primero. Nunca lo sabremos con seguridad, como tampoco sabremos qué otras cosas dijo e hizo Jesús hijo de Ananías, porque sus discípulos —si es que los tuvo— no preservaron sus palabras ni repitieron ritualmente sus acciones. Solamente el historiador judío Flavio Josefo preservó la curiosa historia de ese otro Jesús en su libro La Guerra de los Judíos, escrito cinco años después de los hechos.

El anterior es la mejor evidencia de que Jesús de Nazaret, el mesías cristiano, no fue el único líder de un movimiento profético carismático en el siglo I en Judea, ni siquiera en su natal Galilea, poblada de profetas y revolucionarios. Tampoco fue el único judío de su época en ser considerado hijo de Dios con el poder de hacer milagros. Ciertamente tampoco fue el único en ser llamado mesías cuando Roma ocupaba el país. Como él, otros galileos fueron ejecutados por las fuerzas de ocupación bajo cargos de sedición (“Éste es el rey de los judíos”). El fundador del cristianismo vivió en una provincia y en una época que produjo otros como él, hombres inspirados que decían tener un mensaje divino o una misión del Padre celestial para la redención de su pueblo, Israel. En su mayor parte olvidados, ellos fueron los otros profetas, hacedores de milagros y mesías —en algunos casos aclamados como reyes— contemporáneos de Jesús de Nazaret. El Nuevo Testamento no niega la existencia de otros hacedores de milagros activos en la misma época; dan pistas sutiles pero inequívocas de su presencia, y en el caso más conspicuo, aunque reconocen su enorme carisma, se esmeran en ponerlo como inferior a Jesús. Estamos hablando de Juan el Bautista, un profeta por derecho propio, con un ministerio independiente que incluso expresó sus dudas sobre su competidor, Jesús. Pero hubo otros más.